Córdoba en un fin de semana

Córdoba en un fin de semana

Córdoba es mucho más que la Mezquita y la Judería, que los lienzos de Julio Romero de Torres y las esculturas romanas del Museo Arqueológico, que los patios inundados de flores y las tabernas donde corren ríos dorados de Montilla-Moriles, que las mañanas fragantes en los jardines del Alcázar y las noches al fresco en la plaza de la Corredera. Pero solo con esas cosas Córdoba lleva siglos enamorando al mundo entero.
Hace poco he tenido la oportunidad de volver y re-descubrir Córdoba y decir que he vuelto a conocerlo no es una metáfora. Hacía ya varios años que no visitaba esta gran ciudad y me ha sorprendido los cambios importantes que ha habido en este tiempo, la mayor parte para mejorar aún mas la ciudad.
A continuación repasamos en este post las visitas obligadas, que quizás si llevas un tiempo sin visitar Córdoba crees conocer, pero te sorprenderán de nuevo y verás lo cambiadas que están.

La mezquita-catedral de Córdoba

La mezquita, Patrimonio de la Humanidad desde 1984, es el monumento más importante y reconocible de esta gran ciudad.

La Mezquita-Catedral de Córdoba es el monumento más importante de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. En su historia se resume la evolución completa del estilo omeya en España, además de los estilos gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana.

 

córdoba

Córdoba, foto interior de la Mezquita

Obtenga toda la información del monumento y organice su visita.

Cada año, más de un millón de personas deambulan boquiabiertas por la Mezquita, cima del arte islámico en Occidente, alma y sentido de Córdoba. No ha visto la ciudad quien no ha visto el luminoso patio de los Naranjos, el bosque de columnas y arcos superpuestos que empezó a plantar Abderramán I en 785 y concluyó Almanzor en 987, y las deslumbrantes decoraciones de la maqsura y el mihrab, para las cuales al-Hakam II echó mano de artesanos y 320 quintales de teselas vidriadas procedentes, unos y otras, de Bizancio.

Si ya la vimos por la mañana, porque madrugamos, ahora podemos relajarnos en los baños árabes Hammam Al-Andalus, a cien metros de la Mezquita.En verano,tampoco se está mal en la piscina del NH Amistad Córdoba o, simplemente, tomando un café con hielo en el patio de columnas mudéjar de este hotel que ocupa dos mansiones del siglo XVIII, en la plaza de Maimónides.

Puente romano

Si visitamos Córdoba a finales de primavera o en verano, merece la pena madrugar. A primera hora hace menos calor y se puede aprovechar para visitar la Mezquita, que hasta las 9.30 es gratis. También es la mejor hora para bajar al Guadalquivir y contemplar la ciudad desde el puente romano, oyendo a los pajaritos trinar en los sotos de la Albolafia. Para desayunar, podemos comernos unos jeringos (así les llaman en Córdoba a los churros, por la jeringa con que se echan al aceite) en la churrería de la plaza del Campo Santo de los Mártires. Si no somos tan golosos, tenemos el bar Casa Santos y sus tortillas, hechas con cinco kilos de patatas y 30 huevos, quizá las más grandes del mundo.

Calleja de las Flores

 Fuera de las épocas de más calor, en Córdoba no es necesario madrugar en exceso. Podemos desayunar tranquilamente en el hotel y empezar visitando la ciudad romana. Y es que, aunque muchos tenemos en la cabeza la imagen de la Córdoba mora, los orígenes de la ciudad son romanos y se remontan al siglo II antes de Cristo, cuando el general Claudio Marcelo se asentó a orillas del Guadalquivir para fundar Corduba. Además del mencionado puente (un gigante de 270 metros que salva la corriente en 16 zancadas desde la época de Julio César), están las ruinas del templo dedicado a la diosa Diana que hay en la calle Claudio Marcelo, al lado del Ayuntamiento. Y están las esculturas y los restos del teatro romano que pueden verse en la moderna ampliación del Museo Arqueológico.

Callejas de la Judería

En la calleja de las Flores, una minúscula vía peatonal (como toda la Judería, por otra parte) que hay a 40 metros de la Mezquita, subiendo por la calle de Velázquez Bosco y doblando a la derecha. Con sus paredes forradas de macetas de geranios y gitanillas y con la torre de la Mezquita asomando por encima, esta calle es como un imán para los aficionados a la fotografía. La más bella del barrio, quizá.

Pegada también a la Mezquita (a 70 metros) está la calle de Pedro Jiménez, a la que llaman del Pañuelo porque cabría en un bolsillo. Esta calle muere en una placita todavía más chica conocida como los Rincones de Oro, que dicen que es la más pequeña del mundo. En sus 15 metros cuadrados, se acurrucan tres puertas, una fuente, dos naranjos que buscan desesperadamente la luz del sol y un farolillo. Otro tesoro que hay que encontrar (con la ayuda de un plano, o preguntando mucho, porque la Judería es un laberinto) es la calleja de la Hoguera, que está llena de recodos, pasadizos, aromáticos naranjuelos, puertas de traza moruna y plazuelas íntimas, que parecen patios privados. La quintaesencia de la Judería.

Puerta de Almodóvar

La que no tiene pérdida es la puerta de Almodóvar, porque forma, con la muralla de la calle Cairuán, un conjunto bien llamativo, el resto mejor conservado de la cerca que rodeaba la Medina. A su vera hay una escultura dedicada al filósofo Séneca, el hijo más famoso de la ciudad. Y unos metros más allá, en la calle Doctor Fleming, está el Mesón Juan Peña, un lugar pequeño pero exquisito, ideal para tomarnos un respiro y disfrutar de unos platillos riquísimos (salmorejo, berenjenas, ortiguillas, flamenquín…), acompañados de un buen vino.

También muy cerca está el Mercado Victoria, que abrió en la primavera de 2013 en los jardines del paseo homónimo. Esta antigua caseta de feria, de esqueleto metálico y aire modernista, se ha acristalado y acondicionado para que la gente cate en taburetes y mesas compartidas las delicias que preparan en 30 puestos: sushi, ostras, pinchos de atún rojo, hamburguesitas… Destacan los coloridos salmorejos de La Salmoreteca: el rojo de siempre, el amarillo de maíz, el verde de aguacate, el negro de tinta de calamar… Kisco García, cocinero del laureado Restaurante Choco, también tiene su puesto en el mercado. Sirve cocina de vanguardia en tarros de la abuela.

 

Festival de los Patios

Si nos decantamos por salir de la ciudad, lo haremos por la carretera de Palma del Río (A-431), siguiendo las indicaciones viales hasta llegar a las ruinas de Madinat al-Zahra, la fastuosa y misteriosa ciudad que Abderramán III mandó construir a los pies de sierra Morena. Hasta su nombre encierra historias legendarias. La tradición popular afirma que, autoproclamado Abderramán III califa en 929 y, tras ocho años de reinado, decidió edificar una ciudad palatina en honor a su favorita, Azahara. Sin embargo, recientes estudios señalan como origen de la nueva medina la voluntad de ofrecer al mundo una imagen deslumbrante del recién creado Califato Omeya de Córdoba.

Si preferimos seguir descubriendo la ciudad, esta no nos defraudará. En este caso, empezaremos con el Alcázar de los Reyes Cristianos. Este edificio gótico de carácter militar sirvió de residencia a los Reyes Católicos durante ocho años y aquí recibieron en audiencia a Cristóbal Colón cuando les contó su loca empresa de viajar a las Indias por el otro lado. El exterior es de apariencia sobria, pero los patios y los jardines que esconde en su interior son de una delicadeza sorprendente. Tampoco debemos perdernos la torre del Homenaje y la torre de la Inquisición, ni el salón de los Mosaicos.

Uno de los grandes atractivos de Córdoba son los patios: los señoriales, que presiden casas y palacios con sus arcadas y ricas esculturas, y los populares, patiecitos adornados con 300 macetas. Declarados en 2013 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, estos cuadros naïf de vida cotidiana pueden admirarse todo el año (y no solo en mayo, cuando se celebra su festival) gracias a la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses, que deja visitar gratis su sede, una vivienda popular en la calle San Basilio, 50, cerca del Alcázar, y otra propiedad que tiene, la señorial Casa de las Campanas, en Siete Revueltas, 3. También se pueden visitar siempre los doce famosos patios del Palacio de Viana, cada uno con una arquitectura y una decoración distintas.

Bodegas Campos

Precioso marco en una antigua bodega, con patios. Ideal para conocer los auténticos sabores de Cordoba. Al lado del Palacio de Viana hay un par de sitios perfectos para hacer un alto en el camino y comer. A 200 metros se encuentra la clásica taberna Rincón de las Beatillas, ideal para despedirnos de la ciudad con unas buenas tapas. Si vamos con la familia, quizá será mejor ir a la aún más cercana calle Enrique Redel y sentarnos a comer unas pizzas en El Patrón. ¡Ojo! No son pizzas corrientes. Todos los ingredientes vienen directamente de sus lugares de origen y existe la opción de que nos las hagan a la leña. Ambas son excelentes alternativas.

Las Plazas de Córdoba

Dos plazas hay en Córdoba, la del Potro y la de Capuchinos, que compiten en encanto y que sería imperdonable no visitar. Austera y larguirucha, la plaza de Capuchinos alberga en uno de sus flancos al Cristo de los Faroles, que iluminado por ocho de ellos, en lo alto de la cruz y en escenario tan poco poblado, parece un paso procesional abandonado.

Un caballito rampante, en lo alto de una pequeña fuente renacentista de pilón octogonal, da nombre a la plaza del Potro, uno de los lugares más sugestivos y enjundiosos de la ciudad, mencionado un par de veces en el Quijote. A un lado está la antigua Posada del Potro, con su vetusto y alargado patio tipo corrala. Al otro, el Hospital de la Caridad, que fue fundado a finales del siglo XV para atender solo a dolientes varones, los cuales, para más distingo, no debían padecer enfermedades venéreas ni contagiosas. Hoy alberga dos museos: el Julio Romero de Torres en el ala que fue casa del pintor, y el de Bellas Artes, en el que brillan las obras hondamente humanas del escultor cordobés Mateo Inurria.

No te puedes perder además en Córdoba…

Museo Arqueológico

Desde 1965 el palacio de estilo renacentista de los Páez de Castillejo alberga este museo arqueológico.

 Sinagoga

La sinagoga de Córdoba, situada en el barrio de la Judería.

Caballerizas reales

En 1570, Felipe II dio rienda suelta a su afición por los caballos y a su proyecto de crear el pura raza.

Alcázar de los Reyes Cristianos

El alcázar de los Reyes Cristianos, una fortaleza y palacio de sólidos muros.

Palacio de Viana

En la plaza de Don Gome se levanta este majestuoso palacio.

Museo de Julio Romero de Torres

Ubicado en el edificio del antiguo hospital de la Caridad.

Cena y copa con vistas al río

No hay que irse lejos de la plaza del Potro para cenar bien. A la vuelta de la esquina, en la calle Lineros, se halla Bodegas Campos, una bodega centenaria muy bien ambientada, con una excelente cocina de raíz cordobesa. El ajoblanco con langostinos y el rabo de toro deshuesado con cremoso de patata son auténticas delicias. Para los que buscan la sorpresa de las tapas y las decoraciones más modernas, en la misma zona están Garum 2.1 y Sojo Fusión.Y para acabar el día, un terraza de moda con vistas al Guadalquivir, la de Sojo Ribera.

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