Japón, un país lejano en todos los sentidos

Japón, un país lejano en todos los sentidos

Si hay un país al cual debes ir una vez en la vida al meno ese es Japón. Un país realmente impresionante donde tendrás la idea a menudo de estar visitando otro planeta distinto a la Tierra.

Tan lejano como increíble. Desde España el vuelo directo es cara y muy largo. En 2016 Iberia ha “construido” vuelos especiales sin escalas, lo cual es una ventaja que debes aprovechar, ya que el viaje con escalas suponía prácticamente un día entero de trayecto hasta esa fecha.

Quedarás enamorado de sus colores, de sus olores, de sus costumbres y de su gente.

Te recomiendo viajar en primavera, ya que Japón cuida la naturaleza como algo sagrado. Sus parques, bosques y ciudades son únicas

Japón es un archipiélago de 6852 islas. El Área del Gran Tokio en la isla de Honshū, donde está la ciudad de Tokio, capital de facto de la nación, es la mayor área metropolitana del mundo, con más de treinta millones de residentes.

Diez cosas a tener en cuenta en Japón por Traveler.es http://www.traveler.es/ (Web muy muy recomendable) 

1) No intentes hacerte el local. Tú no eres japonés y por razones obvias, nunca lo serás. Parte del atractivo de viajar a Japón es que nunca entras en esa cultura, por tanto, se elimina el estrés de tener que comportarse como un local, eso que tanto nos angustia en Williamsburg o en Donosti. No intentes comprender: eso te puede llevar años. Asume que eres un espectador, que estás fuera. Qué alivio.

2) La comida japonesa no es sushi. El sushi no es pescado crudo, es la comida que usa arroz realizado con vinagre de arroz. Hay cien tipos de sushi. Tampoco son makis con aguacate. La comida japonesa es como la española o la italiana: muchas. Se usa mucho el pescado, pero también la verdura y la carne, y probablemente comas más soba y ramen del que creías. Japón no es lugar para vegetarianos, por cierto. Tienen que andar con mucho cuidado porque en los preciosistas platos japos es fácil que se cuele algo no apto para ellos. Al resto de los omnívoros un consejo: no vas a enterarte de lo que comes, pero es parte de la experiencia. Encontrarás, en todos los restaurantes, réplicas en plástico de los platos. Elige el que más bonito te parezca. No preguntes. Relájate y disfruta.

3) La mascarilla no es para que no los contagies. El japonés detesta molestar. Por eso, si salen huyendo de ti con las manitas delante de la boca cuando, con nuestra agresividad tradicional española, les paramos para preguntarles algo no es porque sean maleducados. Es porque temen no saber responder. El japonés, cuando usa máscara, que lo hace con frecuencia, no es para que tú, virus andante, le contagies algo: es porque él no quiere contagiarte algo, ni siquiera un simple resfriado. Las mujeres en invierno visten kimonos con colores y estampados. En verano, los eligen con motivos fríos para hacer más agradable la vista a todos los que lo miran. Hay que quererlos.

4) Nosotros dormimos, los japos se duermen. Paseo por Roppongi Hills, un centro comercial delicadísimo que desmonta todo lo que conocemos por centro comercial. Entre tiendones y centros de flores inolvidables aparece una zona de descanso. De descanso muy profundo. En esos sillones duermen hombres y mujeres, todos bien vestidos, todos con las cabezas descolgadas, algunos roncando. Sin pudor. Con sueño. La propia Kazuyo Sejima, de SANAA, una de las grandes arquitectas del mundo, confiesa en sus entrevistas que ella duerme en su despacho. Envidia.

5) No hablan inglés. Nosotros tampoco, pero ellos, menos. Por tanto, olvida confiar en los lugareños a la hora de preguntar cómo se va a un sitio o a otro. Confía antes en Google Maps. Cuando lo hablan tampoco lo entendemos. Uno de los secretos mejor guardados del mundo es que el japonés y el euskera son el mismo idioma pero con distinto soniquete. Por eso no vamos a entender nada nunca. Es parte del encanto, pero que esto no disuada, llegaremos a todos los lugares donde queramos ir.

6) Los rituales son muy barrocos. Japón es un país de formas y nosotros no seremos quienes las desafiemos. No tenemos por qué conocerlas todas, de hecho nos llevaría una vida, pero aquí van algunos consejillos. No abuses del contacto físico. No está bien visto comer en la calle ni sonarse la nariz. Ni mucho menos hablar alto. Eso lo pueden hacer ellos momentos antes de caer dormidos fruto del exceso de sake o biru (cerveza). En las comidas, moja el nigiri en la soja por el lado del pescado, no por el del arroz. Por supuesto no debemos pinchar los palillos en el arroz porque eso significa que se los estamos ofreciendo a los muertos, cual banderillas ni tampoco pasar usarlos para pasar comida; eso sólo se hace en los funerales. Si nos ponemos un yukata lo cerraremos con el lado izquierdo sobre el derecho, al contrario sólo se lo hacen a los difuntos. No queremos ir de funeral en Tokio, preferimos ir de compras.

7) Olvida lo que sabes sobre máquinas expendedoras. Puedes sobrevivir comprando en vending machines. Allí encontrarás desde huevos cocidos a camisas blancas planchadas pasando por cosas que no sabrás si son para comer o para ducharse con ellas. También venden langostas vivas, centros de flores, ropa interior y sanwiches calientes. No olvides llevar dinero en metálico, los cajeros no siempre admiten tarjetas de crédito extranjeras. Y no quieres quedarte sin comprar un huevo cocido en una máquina, claro.

8) No esperes grandes monumentos. Japón es el país de los pequeños detalles. Su apabullante atractivo surge en las distancias cortas, en esos pictogramas de los aseos, en los mil y un tipos de cuadernos, en el mimo con el que preparan la comida en los depachika, en las composiciones florales,la musicalidad de las personas cruzando el paso de cebra múltiple de Shibuya, en las líneas rectas de un museo semiescondido como el 21_21 Design Sight. Funciona, eso sí, muy bien desde las alturas, donde se aprecia la loquísima arquitectura de la ciudad, las microcasas mezcladas con los rascacielos. Si buscas escenarios de postal, vete a Roma.

9) Mete en la maleta tus mejores calcetines. Pasarás medio viaje descalzo. Los japoneses consideran, bien considerado, que los zapatos llevan la suciedad de la calle a casas y restaurantes. En muchos lugares te pedirán que los dejes fuera. Aprovecha y luce calcetines, ese accesorio que dice mucho más de nosotros que un abrigo.

10) No temas a los baños públicos. Estarán igual o más limpios que los de tu casa. No sólo no los temas, sino que debes entrar. En ellos hay centros de flores, iluminación digna de Nestor Almendros y, por supuesto, el rey de la fiesta: el inodoro multifunción. Este robot que define a Japón como civilización evolucionada está presente en aseos públicos y privados. Eso sí, el papel higiénico no se estila, pero nos repartirán kleenex por todos lados, así que los guardaremos para tampoco perder las costumbres occidentales.

 

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Templo japonés

Otros datos sobre Japón

Los restos arqueológicos indican que el ser humano ha vivido en Japón desde el Paleolítico superior. La primera mención escrita de las islas se encuentra en textos de la antigua China del siglo I d. C. La historia de Japón ha alternado periodos de influencia extranjera con otros muy prolongados de aislamiento total. Desde el siglo XII hasta 1868 Japón estuvo gobernado por sucesivos shogunatos militares que ejercían el poder en nombre del emperador. En el siglo XVII el país entró en un largo periodo de aislamiento que no terminó hasta mediados del siglo XIX. Después de casi dos décadas de conflictos internos e insurrecciones se restauró al emperador Meiji como jefe del Estado en 1868 y se proclamó el Imperio del Japón.

A finales del siglo XIX y principios del XX, los éxitos en la Primera guerra sino-japonesa, en la guerra ruso-japonesa y en la Primera Guerra Mundial permitieron a Japón expandir su imperio y fortalecer sus fuerzas armadas. La Segunda guerra sino-japonesa que se inició en 1937, acabó formando parte de la Segunda Guerra Mundial desde 1941, conflictos que terminaron tras los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. Desde la adopción de la constitución revisada en 1947, Japón ha mantenido una monarquía constitucional unitaria con un emperador y un órgano de gobierno democrático llamado Dieta.

Lo mejor de Japón, su gente, sin duda

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